En este artículo sobre cuál es la diferencia entre opinión y hecho y sus implicaciones en una conversación…, descubrirás una Regla de Oro mágica que te servirá para lograr mejores resultados en tus Conversaciones y para afrontar Conversaciones Difíciles.

 

Y es que como afirma David Bohm (considerado uno de los mejores físicos cuánticos de todos los tiempos), en su libro «Sobre el diálogo»:

“La dificultad, de hecho, radica en que la mayor parte de las personas toman como “hechos” cosas que nada tiene que ver con ellos”.

David Bohm

 

Es una afirmación curiosa, puesto que si nos fijamos en la definición que propone la RAE de estas palabras, la diferencia entre opinión y hecho parece simple:

Según el diccionario de la RAE:

Hecho: «Cosa que sucede». «Acción u obra».

Es decir, un hecho es algo verificable, objetivo, que se puede comprobar que sucede, y que no depende de quién lo observa.

 

Opinión:  «Juicio o valoración que se forma una persona respecto de algo o de alguien».

Es decir, una opinión es de carácter subjetivo, es un pensamiento que se tiene respecto a un hecho, o respecto a alguien.

 

Así pues… ¿Dónde está el problema si la diferencia entre opinión y hecho parece tan evidente?

El problema está en que en las conversaciones habituales los hechos y las opiniones están entremezclados, y cuando la intensidad emocional de una conversación se eleva tendemos olvidarnos de los hechos y a dejarnos llevar por opiniones.

O mucho peor, tomamos como hechos cosas que sólo son opiniones.

Y la consecuencia es que puedes acabar pagando un precio demasiado alto en forma de decisiones erróneas, de malos entendidos, de conflictos evitables, o de análisis poco rigurosos.

Para profundizar en estas consecuencias, imagina por un momento a un médico que pregunta a su paciente ¿usted bebe?…, o ¿cuánto bebe usted?.

Hay médicos que han escrito artículos describiendo esta situación, y explican que cuando preguntan sobre temas que los pacientes perciben como íntimos, en muchos casos, reciben respuestas genéricas como por ejemplo “bebo lo normal”.

Pero claro, «bebo lo normal» es una opinión, no un hecho.

Y es evidente que si el médico quiere hacer un buen diagnóstico, no puede quedarse con esta respuesta y ha de saber preguntar con habilidad para llegar a tener un dato preciso sobre qué cantidad de alcohol diario bebe su paciente.

 

Esto también ocurre en las conversaciones que se dan en la empresa, pero… ¿qué sucede en demasiados casos?:

Pues que esta diferencia entre opinión y hecho que aquí parece tan evidente, a medida que aumentan la complejidad y la intensidad de las emociones  ya no es tan evidente.

Y esto tiene graves consecuencias.

 

Y es que en el día a día de la empresa se dicen muchas cosas (y en algunos casos de forma contundente) que, más allá de su certeza o no, se expresan en forma de opinión.

A modo de ejemplo te propongo que te preguntes cuáles de las frases que tienes a continuación son opiniones y cuáles hechos:

“Es evidente que estamos perdiendo competitividad”.
“La oferta que has enviado al cliente estaba poco trabajada”.
«No estás implicado con la empresa».

Puedes contestar a esta pregunta antes de seguir avanzando.

 

(Escribo ahora estas líneas aquí, en medio de este artículo sobre cuál es la diferencia entre opinión y hecho, para no poner la respuesta inmediatamente a continuación de las frases anteriores y que no se te vaya la vista directamente a la respuesta).

Y entrando ya en la respuesta a la pregunta: las tres frases anteriores son opiniones, no hechos. A veces tanto da y no tiene sentido profundizar para ampliar la perspectiva, pero en muchos casos, deberás preguntar para llegar a los hechos.

Por ejemplo ¿qué evidencias le hacen a uno pensar que estamos perdiendo competitividad?, o ¿por qué la oferta que hemos enviado al cliente está poco trabajada?, o ¿qué comportamientos concretos son los que le hacen a uno pensar que la persona X no está implicada con la empresa?.

Las respuestas a estas preguntas son las que aportan los hechos relevantes para construir una perspectiva compartida y más amplia de la situación, aprender, y tomar mejores decisiones.

Y es que poner en práctica la diferencia entre opinión y hecho marca la diferencia entre tener una conversación pobre o conflictiva, o tener una conversación generadora de Valor.

(Basta con que observes con detenimiento las conversaciones que se dan en la empresa cuando hay un problema grave y hay que clarificar qué ha pasado exactamente, o quién ha hecho qué… )

 

Pero podemos ir mucho más allá, y es que esta diferencia entre opinión y hecho afecta a otras muchas situaciones que se dan en la empresa, y en las que la forma “natural” de hablar de las personas acaba derivando en una falta de hechos relevantes para tomar buenas decisiones.

Un ejemplo de esto lo tienes en la siguiente conversación entre Jorge (Producción) y Juan (Comercial) extraída de un caso real:

(A continuación tienes sólo el inicio de la conversación; es un extracto de una conversación real que fue tensa desde el inicio… ):

 

 

Si analizamos este texto desde la perspectiva de la diferencia entre opinión y hecho, veremos que…

“Urgentemente”, y ¡YA!, son expresiones muy genéricas. Y “MUY BUENA oportunidad de venta” es sólo una opinión.

Son formas de hablar que se suelen dar en las conversaciones en la empresa, pero para poder tomar buenas decisiones y buscar soluciones es necesario indagar y buscar los hechos.

Por ejemplo…

Qué entiende Juan por una “muy buena oportunidad de venta” (de qué volumen de venta estamos hablando, o si esta oportunidad es real o es sólo una posibilidad de venta).

Cuándo es exactamente ¡YA! para el cliente. O incluso si el cliente necesita ¡YA! todas las muestras, o si aceptaría la mitad ahora y la otra mitad en un segundo envío más adelante.

 

En definitiva, si tienes que afrontar conversaciones difíciles, y si quieres tener conversaciones generadoras de Valor…

 

Recuerda que de la diferencia entre opinión y hecho se desprende una Regla de Oro mágica:

Busca siempre los hechos, datos y/o detalles que hay detrás de las opiniones.

 

Y es que en demasiados casos la información relevante no aflora de forma natural. Deberás actuar de forma proactiva para que aflore.

Es algo que te costará muy poco tiempo (porque básicamente se trata del hábito de hacerlo), te aportará muchísimo valor, y te ayudará a evitar muchos malos entendidos.

 

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